8 de febrero de 2019

Mientras escribo

Falta poco para que publique novela nueva (en abril, casi, casi ya mismo) y eso siempre me pone nerviosa y no me deja concentrarme en ninguna otra cosa. Estoy pendiente de que me envíen la portada definitiva, de recibir las correcciones... Pero mientras espero (y procuro no desesperar) he decidido tomar prestada una idea que vi en Twitter a las estupendísimas África Ruh y Ana Draghia (si no las seguís, id ahora mismo a sus cuentas y empezad ya, no os vais a arrepentir, palabra). 

En TW hay una comunidad de autores muy activa que se apoyan unos a otros y comparten filias y fobias (para que luego digan que todo en las redes son malos rollos). También yo lo he pensado más de una vez, pero no es verdad, hay gente más que fantástica y mucha solidaridad. Lo habitual es abrir hilo e ir dejando allí (a través de gifs y con algo de texto) los diferentes estados de ánimo a la hora de escribir, o de publicar, de hacer una presentación o de esperar una respuesta que no llega. Como me agobio con Twitter (siempre hay que estar pendiente del número de caracteres, y me lio con los hilos y se me pierden los tweets) he pensado que mejor adaptaba la idea al blog (y así lo actualizaba). Y ni corta ni perezosa (un poco perezosa sí, que llevo semanas pensándolo y no me he decidido hasta antes de ayer), le he tomado el nombre para la entrada a Stephen King (hay que aprender de los que más saben) y os cuento algunas de las fases por las que paso mientras escribo.


1. Cuando estoy comenzando.  

El principio es ese momento en el que todo es bonito, las palabras fluyen, mil posibilidades se extienden ante ti... Estás deseando llegar a ese instante en que los protagonistas se encuentran cara a cara o a esa otra escena en que se dicen la primera bordería, cuando se besan... Me gustan los principios.


Por el camino de baldosas amarillas (because, because, because, because...

2. Eligiendo un nombre para los protagonistas. 

En realidad, esto es anterior a empezar a escribir y, una vez que me decido, ya no hay vuelta atrás. No es que tenga un método excesivamente elaborado. Suelo recurrir a las páginas de listados para padres indecisos ("bonitos nombres rusos para niñas", "nombres alemanes populares") con una idea ya en mente. Esta vez, para la protagonista, quería que fuese corto, que tuviera cierta sonoridad y que denotase carácter. Cuando tropecé con Antje supe que lo tenía. (Que nadie se alarme, se pronuncia muy parecido a Angie, solo que sin la i).

¿Y no podrías haber escogido algo más sencillo como Helga o Emma? 
Como poder, podría, pero...


3. Primer desacelerador: buscar información.

No ya sobre las principales líneas argumentales (eso lo hago antes), sino sobre los detalles: cuántos pisos tiene determinado hotel, cuál es la próxima estación de una línea de metro, qué tipo de arma elegiría si quiero algo ligero y manejable, cómo es la estructura operativa del Servicio Federal de Inteligencia alemán... Esas pequeñas cosas.


Yo también me pregunto por qué me meto en estos líos

4. Y llegan los inconvenientes.

Tú tienes una escena pensada (quiero decir que «yo» tengo una escena pensada, ya me entendéis), te gusta, funciona narrativamente, tiene el ritmo adecuado y encaja en la trama, pero... la realidad se interpone. Un ejemplo: si le pegan un tiro al protagonista (por mucho que lleve un chaleco antibalas) ¿podría levantarse al minuto y medio como si nada? ¿No debería quedarse en el suelo con las costillas rotas? O sabes que un edificio tiene aparcamiento privado, pero a ti te interesa que el coche esté aparcado en la calle. ¿Qué hacer en estos casos? ¿Ser consecuente con la realidad o tomarte alguna que otra licencia? Yo lo tengo claro (aunque la voz de la conciencia siga ahí, incordiando).



A ver, cómo os lo explico. Sé que no está bien, pero...

5. Y todo se empieza a complicar.

Quiero contar esto y aquello, y tener en cuenta aquel otro matiz, sin olvidar que... y todo esto manteniendo la progresión y tratando de que las tramas empasten y los protagonistas no caigan en un círculo vicioso (y por vicioso no me refiero a que se pasen capítulo tras capítulo pensando solo en desnudarse el uno otro, aunque también...)


Total, ¿qué puede salir mal?


6. Hablando de sexo.

Y llega esa primera, o cuarta o quinta escena, lo que surja, porque nunca las cuento ni las introduzco porque "toque", dejo que la historia y los protagonistas me lo pidan y hay algunos que me lo piden más que otros ¿y quién soy yo para decirles que no?



 Por si teníais la duda, Dmitry es de los que lo piden


7. Me gustan las escenas íntimas, pero cuando tengo que escribirlas...

Sudo tinta china, porque hay muchas (pero muchas) palabras que no puedo usar. Imposible, me cortan el rollo, me parecen feas, o vulgares, demasiado usadas, nada románticas y menos eróticas. Me dan una grima atroz. ¿Como cuál? Sin ir más lejos, ni aunque me machacaran los nudillos con un martillo, escribiría «pene» en una escena que pretenda ser sexy (si se trata de una consulta al urólogo, ya no digo nada).


O embestida, he escrito nueve novelas y no hay ni una sola embestida (lo juro)

8. Y siempre me parece que son demasiado cortas. 

Más que nada porque lo son. Y hago trampas como intercalar pensamientos para que no se note tanto. Y reduzco las descripciones al mínimo. Pero quiero que sean intensas (y para mí lo son) y me apoyo en construir la tensión más que en la mecánica (que será que no tengo suficiente imaginación, pero no me da para muchas innovaciones). El caso es que cuando las tengo terminadas siempre, siempre trato de alargarlas, pero es inútil. No puedo. Es superior a mí. 

 
 Yo después de cuatro horas y tan solo diez palabras más

9. ¿Y qué pasa con la protección?

Eso digo yo. Me preocupa el tema de la protección porque más de una vez me lo han hecho notar (o he visto que lo señalaban en novelas de otras autoras), pero, al igual que en otros aspectos, no creo que sea necesario entrar en todos los detalles. De veras, os aseguro que todos mis protagonistas desayunan, almuerzan y cenan, incluso se lavan los dientes (quizá no después de todas las comidas, pero sí con cierta frecuencia), y tampoco lo cuento. Que no lo cuente no quiere decir que no pase (a no ser que diga específicamente que no sucede). De todos modos, como no quiero tener ese cargo sobre mi conciencia, en las últimas novelas (contemporáneas) he procurado hacer referencia explícita a la importancia de la profilaxis.


Este es Pablo y, por majo que parezca en su perfil de Tinder, nunca os confiéis

10. Pero esto no va de sexo. Esto es amor. 

Y el amor cuesta. Y aquí es donde vais a empezar a pagar.  Es verdad, me estoy confundiendo de película, pero es que, en mis historias, el amor siempre tiene un coste y ambos deben pagarlo, pero no me duelen prendas al reconocer que suele salirle bastante más caro a él. Y eso me lleva a una de mis preguntas recurrentes: ¿Ha sufrido bastante el protagonista masculino?

Y la respuesta obvia es que nunca es suficiente

11. Y hay más cosas que me gustan. 

Como que ella le deje tirado. Antes o después, ella le va a decir no o le va a dejar colgado. O le dirá no y le dejará colgado. Y yo me digo: «pero esto ya lo he hecho otras veces» (de otra forma, en otras circunstancias...)

Y dudo. Y me lo replanteo. 

Pero al final...


No lo siento porque, además, esto viene a contribuir a la premisa anterior:
que él sufra un poco más

12. Y otras que me cuestan.

Como que se digan el uno al otro que son la luz de sus días y las estrellas de sus noches, su razón para vivir y lo que da sustento a su esperanza. Hay muchas novelas en las que los protagonistas declaran su amor de formas muy bellas (o muy tiernas o muy crudas), con diálogos extensos y todo tipo de promesas. 

Esas no son las mías. En las mías se dicen que se quieren al menos una vez (tampoco garantizo que dos), y no se explayan mucho más. No va con mis protagonistas (o será que no va conmigo). Yo prefiero que sean los comportamientos los que enmarquen los sentimientos.

Nuestros actos nos definen. Esta y la de "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad"
son mis frases de superhéroes favoritas



13. O que me preocupan.

Si estoy tensando en exceso la cuerda, si pido demasiado, si me pierde esa necesidad de llevar la situación al límite, y me paro a meditarlo, pero (una vez más) apunto y disparo.



Porque funciona así, acción/reacción/consecuencia


Y hay muchas, muchas más cosas que me detienen al escribir y otros tics que acompañan las diferentes fases del proceso (la corrección, la promoción, cuando llegan las opiniones...), pero tampoco puedo pasarme la vida buscando gifs, así que voy a terminar con lo que más me importa antes de empezar, mientras escribo y cuanto ya he terminado.

14. Que se entienda, que las emociones lleguen, que haya conseguido reflejarlo.

Porque siempre, siempre se quieren, quizá no del mejor modo, quizá no sean las mejores personas posibles, quizá (seguro, vamos) han cometido o cometerán errores, pero siempre existe esa corriente entre ellos, ese impulso que los lleva a ser mejores y desear lo mejor para el otro, aunque a la vez conviva con otros muchos condicionantes porque no todo en la vida es el amor, también existen las responsabilidades, otras motivaciones. No, no creo que el amor sea suficiente, pero sí estoy convencida de que es importante, que hace mejor el mundo y la vida y también las novelas. 

Tampoco hace falta que os desmayéis cuando las terminéis, 
pero que conste que no me importaría

Y ahora que me he despachado, os cedo la palabra. ¿También os pasa —si sois de los que le dan a la tecla—? Lo de asaltaros mil dudas mientras escribís o lo soltáis todo y luego ya revisáis. Y si solo leéis ¿os sentís comprensivas (o comprensivos, va por todos) respecto a las manías y los tics de cada autor? ¿Soléis tomarles la medida (ir cazando las pautas que se repiten novela tras novela) o lo pasáis por alto y solo disfrutáis (o sufrís, que de todo hay)? Contadme, que mientras os leo, no pienso en que aún tengo que esperar un par de meses para comprobar que todo ese tiempo invertido, todas esas dudas, todas las esperas han valido la pena. 








16 comentarios:

  1. Solo te puedo decir que después de leer tus novelas, te aseguro que merece la pena que pases por todos esos puntos que tan bien nos has contado.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues eso es lo que empuja a seguir adelante en todos esos momentos de inseguridad. ¡Mil gracias, Almudena!

      Eliminar
  2. Respuestas
    1. Tenemos muchas, muchas cosas en común, Mayte. Sin ir más lejos el amor que ponemos en lo que hacemos y la cabezonería XD ¡¡Muchos besos!!

      Eliminar
  3. Hola!!
    Muy fan tuyo en algunos puntos, otros los doy por sentados, al menos en tus novelas. Y no diré más (boca cerrada) Luego ya la historia me gustará más o menos, cosas personales ... y qué aburrido sería todo si siempre nos gustará a todos los lectores las mismas lecturas.
    pero aplaudo, particularmente, el punto 10. Porque parece que ahora está de moda que el sexo es amor y, no, no lo es. El sexo es sexo y puedes tener sexo con alguien a quien no ames y no ternelo con alguien a quien ames. Y si leo romántica es justo porque quiero que me cuenten y me desarrollen cuánto se aman los protagonistas y cómo ha surgido ese sentimiento.
    Para lo otro hay excelentes novelas eróticas que no tienen porqué ser románticas
    El punto 9 también me preocupa, sé que corta el rollo, pero no cuesta nada dejarlo caer en alguna escena y que sirva para todsas, jajaja. Que hoy en día la gente es muy imitadora....
    No sabes las ganas, muchas, en serio, de leer a Dmitri....
    Un besote

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estoy de acuerdo, Pepa, amor y sexo no son en absoluto equivalentes. Ahora, sí es cierto que el sexo puede ser una manera tan buena como otra cualquiera de ir conociéndose (y aquí iría un icono de ojos en blanco XD), pero para mí también es importante que quede clara esa distinción y que se vea una evolución (más motivos para estar nerviosa XD). Pero esperaré y cruzaré los dedos y siempre será un placer y un lujo conocer tus impresiones <3 ¡¡Besos grandes, Pepa!!

      Eliminar
  4. Por Dios!!!
    Te leo y me parto de la risa, primero porque son los mismos temores, pero luego... de forma diferente! Yo tengo mis palabras imposibles de usar, esas que dan grima... pero no las mismas que tú y, así, punto por punto te voy suscribiendo todo lo que has dicho... pero a mi manera, jajaja!
    Besos y nos vemos en abril!!! (de novelas, claro, espero verte, lo que viene siendo verte, esta semana, jijijji)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Los gustos se comparten, las manías son personales e intranferibles!!! XDDD Sí!!! Nos vemos ya mismo. Ganas locas!!! (Y de que llegue abril también XD )

      Eliminar
  5. Hola,
    Agradezco mucho que tus escenas de sexo sean cortas. Hay algunos autores que escriben páginas y más páginas... te cuenta los pensamientos de ellos,de cómo le va quitando cada pieza de ropa, dónde pone la mano, la pierna,que hacen el pino puente... y yo desesperada pasando páginas hasta encontrar el final de la escena jajaja
    A mi me encanta leer el momento en que la protagonista deja tirado al protra, debo tener una vena cruel jejeje
    En cuanto a lo de la protección creo que es algo que tendríamos que tener aprendido, no necesitamos que una novela nos diga que hay que protegerse al tener relaciones sexuales, y si lo necesitamos algo estamos haciendo muy mal...
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegra no ser la única que tiene una vena malvada!! XD Y sí, Sonia, es verdad que venimos de un tiempo (con la amenaza del SIDA tan presente) en que éramos muy conscientes de los riesgos, y puede que ahora nos hayamos relajado un tanto. Como comentaba arriba, no creo que tenga que ser obligatorio mencionarlo en una novela, pero no está de más que el tema se aborde con igual naturalidad que cualquier otro.
      ¡Un abrazo y mil gracias por pasar y comentar!

      Eliminar
  6. Hola, Marisa.
    ¿Procuras no esperar? Jajaja, qué difícil. Bueno, que te voy a decir que no te hayan dicho ya. Creo que cada historia pide cosas diferentes, y que en algunas historias pegan cosas que en otras no. Cada escritora pone sus límites, su forma, o hasta qué punto quiere tomarse licencias, cosa que hasta las más conocidas se toman y no suele pasar nada. Sinceramente, creo que, aunque es importante el método de protección por todo lo que implica, no creo que haya que ir implícitamente indicándolo. En las pelis o series no veo que hagan mención y no suelo ver que la gente se queje. Lo importante es que te sientas cómoda y disfrutes con aquello que amas, y mientras nosotras a esperar a Dima ;)
    ¡Un besazo, preciosa!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eso me digo muchas veces, Samantha (con respecto a las licencias), si lo hace Dan Brown yo también puedo XDD Y es verdad, no lo había pensado, con las series y las pelis nadie pone pegas (a lo mejor porque se entiende que no nos muestren que están usando el preservativo y no se han limitado a romper el sobre XD) Y sí, solo "procuro" no desesperar XD Un beso enorme y gracias por hacerme un poquito más leve la espera <3 <3 <3

      Eliminar
  7. Ja,ja, me ha encantado. En algunas cosas me siento completamente identificada. Pero yo intento que la profilaxis sea explícita. Tus historias tienen tu sello y eso es muy difícil de conseguir. Y sí, el sexo con amor mejor, mucho mejor. Esperando abril.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Como dirían los técnicos de riesgos laborales: Trabaja, pero seguro... XDD Bromas aparte, es verdad, todo lo que sea concienciar sobre la importancia de la prevención es bueno. Y sí, abril llegará, pero este fin de semana llegará antes aún. Muchas ganas de verte, Irene!! ^_^

      Eliminar
  8. ¡APLAUSO!
    Me ha encantado Marisa. Sin comerlo ni beberlo, has escrito un pequeño decálogo de cómo escribes tus novelas. Y todas esas cositas unidas (que el hombre sufra!!! que no se digan te quiero demasiado!!! que la mujer tense y tense y adiós muy buenas!!! palabras que no, que no, que no!!!!); todas ellas, hacen y construyen tu estilo. Que lo tengas tan claro son las que dotan a tus libros de su personalidad, y ¡¡¡¡¡me encantan!!!!!, por diferenciarse del resto. Ole tú.
    Me siento muy identificada contigo en lo de las "palabras prohibidas". Yo hay algunas que no puedo escribir jamás de los jamases, ni tampoco leer jamás de los jamases. Voy a hacer un excepción sin precedentes para ponerte un ejemplo: cuando se escribe una reseña de un autor o autora y se dice "me encanta su pluma". What????????? Ah, no puedo ni verlo. Pero es que en mi vida diaria, no puedo escuchar determinadas palabras. Mi chico ya sabe las que son, y hace uso (o no) de ellas, dependiendo de las circunstancias ;))).
    Por cierto, la idea de ponerlo como entrada a blog y no en twitter, ¡me gusta más!.
    Beso grande.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ay!! Gracias, M. Ángeles, a veces tienes esa duda de si estás cayendo en los mismos vicios, pero me gusta más llamarlo "personalidad" XDDD ¿Chantaje con las palabras? Yo le hago el vacío a mi pareja cuando no le quiero ni oír. ¿Y si te cuento que cada vez que leo lo de "la pluma de la autora" me la imagino muy parecida a la de las gallinas? XDD Así que somos almas gémelas!! Y eso me encanta, porque es una de las cosas más bonitas que me ha traído la escritura: comprobar que no estamos solas <3 <3 <3 Un abrazo muy grande!!

      Eliminar

Si envías un comentario estás aceptando la Política de Uso y Protección de Datos:
http://marisasicilia.blogspot.com.es/p/aviso-legal.html