19 de octubre de 2015

Tú en la sombra - Primer capítulo





—¡Tenga más cuidado!
La señora, no anciana pero sí mayor, lo miró ofendida por el descuido. Jorge iba con prisas y habían estado a punto de darse de bruces mientras cerraba el coche a la vez que hablaba con su socio a través del móvil. Apenas había sido un roce, lo suficiente para irritar a una residente de toda la vida en el madrileño barrio de Salamanca como —se veía a primera vista— era esa mujer. El peinado, la piel ya senil pero estirada y cuidada, la ropa cara y pasada de moda, la pedrería falsa, aunque de diseño, de sus pendientes. Jorge tenía probablemente tanto o más dinero que ella en su cuenta corriente. Si no lo tenía, era solo cuestión de tiempo. Sin embargo, conservaba íntegros los prejuicios de clase. Le reventaban las mujeres como ella.
—Que le den —murmuró entre dientes.
Puede que lo oyera o puede que no. La mujer se quedó atrás, indignada por la pérdida de respeto y valores que vivía la sociedad actual. El socio de Jorge le preguntó desde el móvil:
—¿Cómo dices?
—No te lo decía a ti, Alberto —se disculpó. Tampoco habría sido la primera vez, pero ahora no era el caso—. Escucha, tranquilízate, hablaremos más tarde.
—Ya tenías que estar aquí. Son las nueve menos cinco y la vista comienza a las once. El cliente aún no ha llegado y tú tampoco. ¿Cómo quieres que me tranquilice?
Alberto y él eran socios del bufete de abogados Molina y Márquez. Alberto era Molina, y él, Márquez. Formaban un buen equipo y el negocio marchaba. Ahora se traían un caso importante entre manos y había mucho dinero de por medio. No es que a él no le importase. Le importaba, y mucho. Por eso, antes de salir al estrado, debía tener la cabeza fría y despejada.
—Tengo algo que hacer. Estaré ahí en media hora.
Cortó la llamada sin dar tiempo a que Alberto le preguntase qué era eso tan importante que tenía que hacer. No le apetecía justificarse. No pretendía justificarse. Lo cierto era que prefería no pensar demasiado en ello. Era solo algo que necesitaba. Lo solucionaría rápidamente y seguiría con su día.
Empujó las puertas de cristal y el olor a café exprés, tostadas y zumo de naranja mejoró un poco su humor. La cafetería, en plena calle Velázquez, se encontraba muy concurrida, pese a la crisis. Todo estaba limpio, reluciente, y tanto el local como la clientela tenían un aspecto impecable. Lujoso pero de diseño actual, moderno, elegante, caro. Jorge lo reconocía. Formaba parte de sus contradicciones. Puede que los despreciase a ellos, pero le gustaba la buena vida. Nada de miserias. Quería lo mejor y podía permitírselo.
De una barrida examinó a la clientela: hombres trajeados ocupados en analizar gráficas en sus iPads, jubilados de sombrero y corbata —antiguos médicos o arquitectos de renombre— leyendo tranquilamente el ABC o La Razón; mujeres de cuarenta que no tenían gran cosa que hacer porque otras mujeres se encargaban de mantener limpias y en orden sus casas. Una de ellas, guapa y bien vestida, se volvió y se lo quedó mirando. Jorge exhibió una sonrisa lobuna. Los ojos acerados, la mandíbula cuadrada, el deseo hambriento y apenas agazapado, saltando a la más mínima señal; la confianza que le brindaba saberse merecedor de la codicia ajena. Era muy atractivo y además tenía ese algo que perturba y fascina, sobre todo si, como ahora, actuaba movido por una imperiosa idea fija. Y por supuesto también ayudaba el aspecto. La cuidada forma física, trabajada a pulso en el gimnasio sesión tras sesión de krav magá, y que se intuía sin dificultad bajo el formal traje gris marengo. El corte de pelo, desenfadado lo justo para no parecer demasiado aburrido. La exclusiva fragancia masculina de abusivo precio, con nombre de algún diseñador francés de moda. Todo en él proclamaba a voces las palabras «poder», «seguridad» y «dinero». Puede que en gran parte fuese pura fachada, pero estaba bien conseguida.
La mujer de la mesa de enfrente esbozó una sonrisa tensa y se volvió a sus amigas. Jorge la descartó. No tenía tiempo. No aquella mañana. Se giró hacia la barra y vio a una chica joven y sola. No más de veinticinco, larga melena entre rubia y castaña, maquillaje perfecto, sandalias de vértigo y vestidito de muñeca con estampado de flores anunciando el verano que ya estaba en la calle. Podría haber sido modelo, pero lo más probable es que fuese becaria en alguna de las oficinas de la zona. Era ella. Su presa fácil. Su objetivo.
—¿Puedo?
La joven levantó el rostro del móvil y se quedó algo desconcertada. A Jorge se le daba bien producir ese efecto.
—¿Cómo?
Le señaló el taburete contiguo y al bolso que descansaba sobre él. Había muchos más sitios libres, pero pocas se negaban a un ruego. No si sabías cómo pedirlo.
—Claro, espera —asintió, recogiendo el bolso con una sonrisa.
Se sentó a su lado y ella volvió a bajar la vista al móvil y a los mensajes de aviso que le llegaban. El de Jorge también sonó y le echó una ojeada a su vez.
—Lo odio, ¿tú no?
—¿El qué?
—Los móviles, los mensajes… Tener que estar siempre pendiente. Nos dominan, nos esclavizan.
Ella sonrió más relajada.
—Sí, yo también me agobio a veces. Son un vicio, aunque no es trabajo. Estoy hablando con mi novio.
Lo sabía, de alguna manera lo había adivinado o, al menos, lo había sospechado. Además, no era tan difícil de predecir. Era preciosa, ¿por qué no iba a tener novio? No le importaba. Su novio no era su problema.
—Entonces es bueno para mí que él no esté aquí y yo sí.
Los labios de ella se entreabrieron bajo su atenta mirada. La joven los humedeció. El latente apremio de Jorge se agudizó con violencia. Su necesidad volvió a alarmarlo. Le hizo dudar. Tal vez aquello no era buena idea. Tal vez debería largarse, irse al despacho y ponerse a trabajar, a trabajar duro. Quizá entonces conseguiría olvidarlo, al menos por unas horas. Pero también sabía que, antes o después, necesitaría recurrir de nuevo a la caza. Y el instinto le decía que aquella muchacha amable, novia atenta y administrativa, entregada a una vida de tedio en cualquier empresa de la zona, podía convertirse, a menos que las cosas se torcieran, en su provisional y ansiado bálsamo.
El camarero interrumpió el hilo de sus pensamientos.
—¿Qué va a ser?
—Un café solo y cargado.
La joven guardó el móvil en el bolso. Buena señal. Enseguida le pusieron el café. Se lo tomó de un sorbo pese a que ardía. Sin respirar.
—Parece que lo necesitabas.
Le gustaba su sonrisa. Era franca y natural. Parecía una buena chica. No tenía que pensar en eso. No se trataba de eso.
—Lo necesitaba. Me gusta tomarlo todo a tragos cortos y fuertes. Me gusta tomar lo que deseo en cuanto lo veo. No me gusta esperar.
Anunciarlo, reconocerlo en voz alta, sentir la pulsión: latiendo, creciendo, palpitando.
—Vaya, sí que eres intenso —murmuró, enredando con lentitud entre los dedos un lacio mechón de su cabello.
No siempre salía bien. A veces fracasaba. Entonces era peor. A la necesidad se le unía la humillación, la vergüenza. Otra razón más para no fracasar.
—¿Cómo te llamas? —dijo con una sonrisa.
—Cristina. Cris…
La sonrisa se amplió. Era su mejor carta.
—No lo sabes bien, Cris.


Empujó la puerta del aseo con su espalda mientras le comía la boca y atraía su trasero hacia él para empotrarla contra su cuerpo. La puerta se abatió sola y él se concentró en bajarle las bragas a la vez que se soltaba la hebilla del cinturón. La chica exhaló un sollozo cuando la penetró sin más preliminares. De pie, contra la fría pared del estrecho compartimento. Las manos sosteniendo sus nalgas. Rápido, duro, fuerte. Tan duro, tan tenso, tan necesario que le era doloroso. Los gritos ahora sin contener de ella. El alivio, cerca ya, a un paso, siempre un poco más lejos. La crispación. La liberación por fin. Unas migajas de placer. Una tregua.
La muchacha temblaba entre sus manos. Si no la hubiese sostenido se habría derrumbado en el suelo. No podía dejarla caer, pero ahora que había obtenido lo que quería solo pensaba en largarse de allí lo más pronto posible.
—¿Estás bien?
Ella le devolvió una mirada extraviada. Normal. No estaban habituadas, no como él.
—Esperaré si lo necesitas.
Era su forma de decir que prefería no esperar. La mayoría de las veces lo aceptaban sin replicar, incluso si llegaban a darse cuenta de que solo las había utilizado igual que se utiliza un Kleenex.
—No, no… Estoy bien, de veras.
—De acuerdo, entonces saldré yo antes. Me ha gustado conocerte, Cris.
Cris, con el pelo enredado, la ropa interior hecha pedazos y el rojo de labios corrido consiguió reunir fuerzas para responder con una sonrisa y la mirada aún un poco ida.
—Sí, ha estado bien.
Salió de los aseos ignorando los rostros atónitos y escandalizados que dejó tras de sí y ajustándose el nudo de la corbata. Eran las nueve y media.
Ya podía comenzar a trabajar.




12 comentarios:

  1. Ya falta menos!! aunque yo soy de las que no leen adelantos hasta tener el libro jeje

    besos

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  2. Ya decía yo, qué rapidez!! XD Gracias, Patry, Por eso mismo he estado conteniendo las ganas, pero ya no me he podido resistir más :P Menos mal que mañana a estas horas ya casi estará ;) Un besazo!!!

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  3. Madre mía!!!! Que comienzo de jornada... Jajjaja me encanta!!! Deseando saber más de este hombre!!
    Besotes!!!

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  4. Buff! Ya dejándonos con ganas de más, jejeje. Empieza directo ;) Muy prontito conoceré mejor a Jorge, ya que tenemos una cita, jajaja ;)
    Besos!!!

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  5. Estoy en shock desde ayer! :P

    Este Jorge me va a matar! Menudo calor! Creo que con este libro tuyo me va a dar una combustión espontánea de esas, eso o un infarto...ya verás ya! xD

    Ya no queda nada, esta noche a las 12, el señor Amazon me lo enviará a mi tablet!

    Estoy deseando hincarle el diente!

    Un abrazote! Muaksss <3 <3 <3 <3

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  6. XD Marisa, así sí que se nos va a pasar el frío. jajajaja... Que bien empieza por la mañana, este Jorge nos va a llevar de cabeza.

    Besos.

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  7. Si ese es solo el comienzo, no quiero saber lo que nos depara el resto, jajaja !!!
    Ma-dre mí-a !!!! Mejor lo leemos sentadas, que vienen curvas !
    Gracias por el adelanto, en breve, más !
    Besitos !

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  8. XDDDD Gracias a miles!!! *.* Esta es de esas veces que te sientas a escribir y dices: vamos a empezar con ganas XD Es solo un trazo y espero más que nada que os guste el conjunto. Ahora que ya no falta nada para que esté disponible quiero agradeceros también el apoyo. Ha sido una preventa larga y siginifica mucho para mí que hayáis estado ahí queriendo saber más y manteniendo en alto el interés. Solo deseo poder recompensároslo. Muchas muchas gracias <3 <3 <3 <3 <3

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  9. Agárrate que vienen curvas, jejeje, me encanta este principio empotrador e intenso :D

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  10. Interesante principio! Estoy deseando comprarlo para seguir leyéndolo, parecía que estaba viéndolo en 3D en mi cabeza como una película mientras estaba leyendo este principio. Saludos!

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    1. Muchísimas gracias!!! Me gusta que la forma de narrar sea muy visual, sí :))) Espero que si te animas el resto te guste al menos lo mismo. Un beso grande!!!

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